Fundamentos.

Fundamentos  Filosóficos y Antropológicos

– Algunos antecedentes filosóficos y antropológicos de la educación personalizada.

Aproximarnos al desarrollo del concepto “persona” nos permitirá comprender la construcción de esta idea central que luego se encarna en un modelo pedagógico conocido como educación personalizada: ¿Cuándo surge históricamente el concepto “persona”? ¿A quién alude? ¿Cuáles son sus implicancias en educación?
La pregunta del ser humano sobre sí mismo, sobre el sentido de su existencia es histórica. El problema reside en que, en este caso, el “cuestionante” es también el “cuestionado”. Es una pregunta teórica pero a la vez práctica “encontrar un significado último y definitivo al ser y estar del hombre y la mujer en este mundo” como naturaleza psico-orgánica, unidad sustancial de espíritu y materia.

La pregunta fundamental del ser humano entonces no es el “que es” sino el “quien es”. El hombre, la mujer no se considera “algo” sino “alguien”.Un sujeto que no solo “tiene” una naturaleza sino que es “persona”, y que como tal “dispone” de su naturaleza.

El concepto “persona” como tal, surge de la tradición griega unida a la tradición judeo-cristiana. Es usado por primera vez por Boecio (480-524) definiendo persona como: “Una sustancia individual de naturaleza racional”. Anteriormente, San Agustín (354- 431), teólogo y filósofo del medioevo aportaba una visión del ser humano como el único ser capaz de implicarse en su propia reflexión: “¿Quién soy yo Dios mío, cuál es mi naturaleza?” Plantea al ser humano como un testigo dramático de sus limitaciones y a la vez llamado trascendente. Ser que se ve afectado por su historicidad, buscador insaciable de la verdad. Entregado no sin lucha al bien supremo “telos” que le otorga sentido a la vida.

Posteriormente, Santo Tomás de Aquino, (1225-1274) filósofo y teólogo aporta su propia definición, “La persona significa aquello que es perfectísimo en toda su naturaleza”. Habla de la persona como un ser unitario, individual y relacional.
Además señala que la persona humana es un ser capaz de aprender, de desarrollarse a través de la educación, a través de la interacción de un sujeto docente y un sujeto discente.

Para Santo Tomás, el alumno (que significa etimológicamente sin luz) posee los primeros principios a partir de cuya aplicación llegará posteriormente a la formación de todos los demás conceptos. Este paso es un proceso por el cual el docente debe activar el ejercicio de la inteligencia del alumno. El profesor/a como docente es un coadyuvante del proceso. El sujeto discente es el estudiante que se convierte en el sujeto principal de su propio aprendizaje, en la medida que es él como potencia activa quien percibe, piensa, imagina, comprende.

Varios siglos después en Europa, el surgimiento y desarrollo del movimiento del Humanismo y luego de la Ilustración potencia el resurgimiento de la pregunta sobre el ser humano y su esencia, y es definido como un ser fundamentalmente racional y social. Así también, se suscita gran polémica respecto del rol que desempeña la educación en su desarrollo. ¿Es el ser humano un ser vivo naturalmente bueno y que la civilización corrompe? ¿Es el hombre el lobo del hombre?.

El reconocido filósofo Emanuel Kant, (1724-1804) en contrario a los postulados de Rousseau y Hobbes, aporta señalando que únicamente a través de la educación el hombre puede llegar a ser un verdadero hombre”. Por otra parte, añade que la función de la disciplina en la labor educativa debe ser planeada de tal forma que el objetivo fuese estimular el desarrollo de la autonomía del educando. Ya en esos tiempos, se menciona que el ser humano es un ser que se desarrolla en el tiempo, que se construye de alguna manera a sí mismo positiva o negativamente, en relación con otros y que la libertad se logra con el aprendizaje del dominio de sí mismo.

Sin embargo, será sólo a comienzos del siglo pasado, en el período entre las dos guerras mundiales cuando surgirán los denominados “personalismos contemporáneos”, movimiento que surge con distintas vertientes en Estados Unidos y Europa, como reacción en parte al contexto histórico e ideológico de la sociedad occidental en aquella época: individualismo capitalismo en uno de los extremos del espectro y colectivismo marxista, fascista y nazista por otro. En España, Julián María y Adolfo Muñoz. En Francia, el personalismo cristiano y comunitario representado por G. Marcel, E. Mounier, J. Maritain.
El personalismo, como corriente filosófica, sería definida por el propio E. Mounier como, toda doctrina, toda civilización que afirma el primado de la persona humana sobre las necesidades materiales y sobre los mecanismos colectivos que sustentan su desarrollo. La persona, señalaba el mismo autor, es una presencia más que un ser, una presencia activa y sin fondo.

En ese período se relevó el concepto de que el ser humano era persona en la medida que no se escondía en la masa, ni se dejaba negar por la tecnología, ni caía en abstracciones individualistas. El personalismo se constituye, a su vez, como lo contrario al colectivismo, donde el sujeto se convertía en número, y como lo contrario al individualismo, que nos tornaba incapaces de comunicarnos, contra-poniéndolo al concepto de individuo. En su obra “El personalismo”, Mounier planteaba que contra el individualismo, propio de una sociedad despersonalizada, se reivindica que la “Persona” es un sujeto relacional y comunicativo, es decir “comunitario”.

Por su parte, H. Bergson agregaba, “Es necesario ser alguien por encima de uno para ser uno. La persona es el único ser que no puede realizarse, sino sobrepasándose”. Esa idea del ser humano como proyecto en desarrollo permanente se expresaría también en Julián Marías, quién señalaba “En la persona, hay mismidad pero no identidad, soy el mismo pero nunca lo mismo”.

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